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sábado, 24 de abril de 2010


-Has dormido profundamete, no me he perdido nada -sus ojos centellearon-. Empezaste a hablar en sueños muy pronto.
Gemí.
-¿Qué oíste?
Los ojos dorados se suavizaron.
-Dijiste que me querías.
-Eso ya lo sabías -le recordé, hundí mi cabeza en su hombro.
-Da lo mismo, es agradable oírlo.
Oculté la cara contra su hombro.
-Te quiero- susurré.
-Ahora tú eres mi vida.

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